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domingo, 4 de diciembre de 2016

Tiempo de Navidad

VISITANTES: 21

Tiempo de Navidad
Envía tu luz y tu verdad, para que ellas me enseñen el camino que lleva a tu santo monte,
al lugar donde tú vives.

                                                                                     Salmo  43:3
Vamos sintiendo el paso de los años sobre nuestras espaldas, y no nos damos cuenta de que los días son cortos y las horas son algunas veces interminables.  Vamos notando cómo las estaciones van y regresan y los períodos se confunden y se pierden al igual que los atardeceres.
Y es que el curso del tiempo es misterioso y tenso; el lapso de veinticuatro horas no tiene apuro, ni le importa lo qué está ocurriendo en la vida de los seres humanos, por lo tanto es inexpugnable e inquebrantable y no se detiene nunca.
Hemos estado viviendo momentos intensos de confusiones, desconciertos, de laberintos y caos, pero no percibimos que ya es Navidad y que el nacimiento de Jesucristo está en el umbral de nuestra vida. Y al venir esa etapa luminosa, de alegrías, de familia y de regalos, no nos queda otra alternativa que  ocuparnos de transformar nuestros corazones.
Nuestra familia es la continuación de la vida, la permanencia de lo verdadero, la estabilidad de lo cierto y la extensión de los lazos vitales que nos unen a la existencia.  Es más, estamos ligados a seguir resurgiendo en medio de las cosas irreversibles, brillando por dentro, resplandeciendo como un árbol de Navidad lleno de luces y de niñeces.
Este es el tiempo de volver a ser chicos y esperar con anticipación a los Reyes, y sentir que hay ilusión en nuestras vidas por las pequeñeces que nos pone delante Dios. No nos podemos detener a pensar que el pasado es doloroso, y debemos entender que los momentos de amargura vivida ya es historia y un añejo concluir de un tiempo remoto de sufrimientos.
Hay que resucitar de las mala rachas, amigos, y olvidarse de los palos que nos dio la vida, de los pecados que cometimos y de la pesadumbre que abraza el presente. Si estamos de acuerdo que la llegada de Jesús es un acontecimiento que florece ante nosotros, más vale renacer desde el corazón, desde la nostalgia que no nos permite ser feliz.
Acuérdense que el tiempo es fugaz, traicionero y no perdona; no podemos regresar para enmendar la vida vivida puesto que los lapsos no regresan para volverlos a empezar o para emparchar los errores o tapar con un dedo lo ocurrido anteriormente.  Esta oportunidad, en donde la esencia de la Navidad destruye cualquier tipo de peso acomodado fielmente en nosotros, nos remoza para salir al nuevo tiempo con júbilo y armonía.  Y yo sé que es muy difícil lidiar con la vida sacrificada de cada uno de nosotros,  no es fácil, pero se pude restituir el gozo, abrazarlo y llenarlo de oportunidades para sentir el espíritu de Dios haciendo nido en nosotros en ésta temporada de revestimiento íntimo. 
¿Y qué vamos hacer en este tiempo de santa algarabía?  ¿Qué planes se nos antoja estrenar para ser parte de los sueños y zambullirnos de cabeza en esta estación resplandeciente y hacer realidad lo que usualmente no culmina?
Nuestro Señor Jesús desea que seamos felices, que estemos tranquilos y que encontremos en cada etapa de la vida, la vida, el sabor del hogar y la esencia escondida de cada situación, porque todo tiene remedio, todo tiene una respuesta y una solución. Nada se cuela por debajo de la mesa sin que antes sea agradable a Dios, Todopoderoso, de manera que reverdecer como el tiempo de gracia por nuestras propias fuerzas, nos apura a hacer un cambio.
El día del nacimiento de Jesús nos prepara para seguir adelante aunque veamos las cosas a través de la niebla que nos ciega, el alumbramiento de María, la madre de Jesús, nos ha traído el sentido de la maternidad, que es un regalo, una ofrenda de amor que es como un manto feriado sobre nuestro cuerpo y hay que estar alegres.
Dice la Palabra de Dios en el Salmo 43:4,5 lo siguiente:  Llegaré entonces a tu altar, oh Dios, allí te alabaré al son del arpa, pues tú, mi Dios, llenas mi vida de alegría.    ¿Por qué voy a desanimarme? ¿Por qué voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía  seguiré alabando.
Después de esta confirmación, venida de las Santas Escrituras, no podemos quedarnos fríos,   serenos e imperturbables sino que en lugar de estar perennemente en ese estado de ahogo, despeguemos la tristeza de nuestro ser y seamos felices  como nos dice el Señor.
 
Del periódico "En USA News"
por Noris Capin

sábado, 26 de noviembre de 2016

Y me dijiste

                   VISITANTES: 80
Y ME DIJISTE...
 
 
 
 
Y me dijiste que mis  ojos se igualaban

a la yerba buena, a los montes lejanos 

en donde se visten los  campos de plantas

y de cigüeñas.

Allí donde se acopian los matices

de agua fresca, de sal y de todos los bienes

que respira la tierra.

Me dijiste que era como la lluvia inmensa

y que lo abarcabas todo con mi abrazo

durante las nieves y constantes fiestas.

Me dijeron que mi tez era serena

y que ardía la vehemencia  en mi frente,

encima de la raíz de todas mis penas

y tu recordada ausencia.

Y yo te divisé un día al nombrarte mío,

en las alas del frío silencio, en la escuela,

entre los pupitres que me guarecían del miedo

de tantas suertes acopladas a mi mente

y al destino que no supo decirme nada

de tus ojos, de tu abrazo y de tu suerte.
 


 


 

















 
YO, LA DE LOS OJOS TRISTES
 
 
 
 
 
Tú, tú querida en el hondo reír de las amapolas.
¿Dónde estás? apenas diviso tu silueta; tu voz
delicada ya no vibra junto a las algas marinas
de tu cuerpo.
Tú, queridísima criatura de fieltro en que borras
la última llama de silencio; nada dice el rumor
en madrugada en que te has ido.
He mirado el sentir de algunos ojos robados,
hasta el profundo dolor de entonces,
luego de la vez en que lloraron ya no se olvidan.
Niña, tú tienes el verdor beato de la suerte loca
en que llevas a cuestas tu cintura, niña, niña,
de las flores y los ojos tristes.
Avísame de tu esfuerzo tejido a tu ser desnudo
reclamando la ternura en pies descalzos.
Tú imaginas y yo ignoro !tantos logros! fechas
largas y vencidas, vasto amedranto en hierba
fresca.
Revélame tu soledad en la bandeja de la dicha.

 
 



 
noris capin

domingo, 16 de octubre de 2016

Para vivir en armonía

VISITANTES:104
Obra de Noris Capin
Ilusion del Pavorreal
Para vivir en armonía
 
En fin, vivan todos ustedes en armonía, unidos
en un mismo sentir y amándose como hermanos.
Sean bondadosos y humildes.

                                                                                                    1Pedro 3-8
 
 
Amigos mís hay que tener un sentido de armonía personal cuando se trata de vivir una vida equilibrada y de orden. Hay que tener un balance profundo para que el ritmo de nuestra existencia engendre la calma y haya una transformación en el diario vivir.
Poder armonizar la estabilidad mental y espiritual merece nuestra atención ya que es un círculo que gira por sí mismo, en todos los aspectos de la vida del hombre, para mantener la salud corporal del ser humano.  La parte emocional, que es también una forma de simetría interna con el ser, juega un papel vital para que todo camine en perfección y nobleza.
De una manera u otra y de una forma efectiva, todo cae dentro del área que conlleva a la concordia personal para apartar el estrés, la ansiedad, los ataques de pánico de nuestra vida y  para llegar a un acuerdo personal con la paz del espíritu y la unión con Dios.  
El estrés  no se puede manipular o aplacar tan fácilmente, se necesita meditar y entender la causa y el nerviosismo y si vale la pena o no, estremecer nuestra serenidad propia. El estrés es una sensación de agobio que se siente, se sufre y se soporta, cuando la persona no tiene la capacidad momentánea de expresarse o de actuar con enfoque, con fortaleza  o de un modo coherente frente a cualquier situación donde se sienta invadida. 
Sin embargo pueden haber muchas otras razones para que el estrés y la ansiedad subyuguen a la persona hasta el descontrol y, cuando eso sucede, debemos esforzarnos incesantemente para que no se pierda el sentido de la armonía.
De alguna forma el estrés cobra una parte de nosotros mismos cuando no sabemos cómo dominar, dentro de nosotros, ese estremecimiento o sobresalto dentro del cuerpo.
Según las encuestas la gente que es feliz no tiene un sistema inmunológico enclenque, ya que su actitud ante la vida las motiva a ser positivas y a pensar en cosas que tengan sentido y real importancia. Esas personas, que han sabido llevar una existencia fuera del estrés y la ansiedad, viven una vida plena y un tiempo próspero porque han podido diferenciar entre la paz y la guerra.
Muchas de nosotros vivimos siempre a la expectativa de que algo va a ocurrir, que todo anda mal y, por consecuencia, nos vemos dañados por el temor y la inseguridad. Cuando nos preocupamos por los pormenores de la vida, sufrimos atropellos internos que se reflejan en todo lo que nos rodea, en todo lo que expresamos y cómo actuamos.  De manera que alterar ese estado de depresión pasajera es lo aconsejable, no por mí, sino por Dios —quien es el único que puede contrarrestar los síntomas dañinos del estrés y la ansiedad—.
Dios desea que sepamos balancear esos obstáculos que nos acarrean una serie de situaciones graves y negativas. Dios quiere que aprendamos a ser fuertes de espíritu para que tengamos motivaciones que propaguen hechos placenteros y para estar de acuerdo con la armonía íntima y el buen vivir. Debemos de hacer un alto y pensar qué es lo que nos inquieta.
¿Qué más pudiéramos desear que vivir una vida llena de recompensas espirituales enviadas por Dios? ¿Qué más desearíamos que sucumbir delante de la presencia de Dios sin ataduras, sin preocupaciones, sin nada que nos arrastrara hacia el estrés y la depresión? ¿Es que acaso no sabemos cómo orar para pedirle a Dios el auxilio que necesitamos porque no sabemos el método para dirigirnos a Él?
Pero para orarle a Dios, amigos, no hay una técnica ni un formato, para dirigirnos a Dios no existe un estilo especial o un modo específico para hablar con Él.  Lo primordial, lo importante y lo vital es tener un corazón contrito y humillado y hablar con Dios en espíritu y verdad. Para llegar a los atrios de Dios sólo necesitamos la armonía interna y el deseo de abrir el corazón y donárselo a Él  con todas las fuerzas, con toda la obediencia que le debemos al Padre Celestial.
Dice la Palabra de Dios en 1Corintios 1:10 lo siguiente:  Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo les ruego que todos estén siempre de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes. Vivan en armonía, pensando y sintiendo de la misma manera.
Amigos, dejen detrás el estrés, enfréntense a la vida con determinación, con fe, con esperanza, con plenitud, con la certeza de que todo lo que se pide a Dios en oración, según Su voluntad, ya está en Sus poderosas manos.  Vivan la vida felices, amigas, eternamente felices, en armonía y confianza, hasta que Dios quiera y hasta siempre. Amén.

noris capin/copywrite

jueves, 6 de octubre de 2016

DESDE LA LUZ

VISITANTES: 88
Detalle de Flor de Altar
Noris Capin
 
DESDE LA LUZ

Desde la luz suelo hacer un alto a la memoria,  la dejo pasar por la curvatura de las horas sin que sea advertida o añorada su admirable ola fugaz. Y pienso que, a estas alturas de la vida, cuando el verso llega atado a las vigas que juntan el día y la noche, no podría aspirar más que a un tenue sentir, fuertemente arrodillado a mi tiempo, frente al altar de Dios, pidiendo nada de lo poquísimo que deseo pedir por si me marcho pronto.
Unas cuántas cosas abrigan mi pecho de luz: el tibio abrazo que deja la luna sobre el cántaro colmado de agua, la gracia del espejo vislumbrando un sueño  —alumbrando como un quinqué la inmensa claridad,  desde lo alto—, sintiendo el reflejo hacer música en mi alma como en los cuentos del ayer. Mas la ternura es una santa emperatriz que solloza,  la llama que no se apaga nunca, de tantos ilusiones colgadas se alza, plena, sobre la sepultura y los petardos que tropiezan contra mí.
Solo yo y el silencio hallamos el agrado que termina por dejarse ver entre los henos y los almendros de la Patria, como una sinfonía, como una tonada,  como una canción recostados al pie silente del vacío que conserva mi secreto de isla.
Nada deseo para mí sino el gozo de estar presente —junto al lago— o cerca de un árbol de flores nuevas
dando raíces a la tierra, unidas a los brotes de mi voz. Y no es la dicha redentora lo que me prende los ojos de claror, sino que, al arder el día —de blanca nitidez y canto— hace de mi sufrir un pasadizo de  asfalto sobre la frente y el abrazo imposible de mi amor.  Exigente es la llama que no sabe andar descalza por la vía dolorosa de los sueños, y quiere más de sí, ansiando la gloria y la paz, aspirando a crecer sin que perezca el eco que la aflige, más allá de la abundancia y de la sequía perenne de su muerte.  En la luz suelo hacer un alto a la memoria,  dejarla volar a través de su inconfundible voz, atravesando la frontera de la existencia, salvando las palabras de más, diciendo lo mínimo, lo máximo, lo inexplicable de todos los tiempos.
Y ella vuela y baja hasta las profundidades del silencio  —como una llama de fuego— que no se apaga
con agua ni se extiende en el regreso de tantos reversos, infestados de soledad, de pliegos rotos, de
palabras revueltas, vagas, desarmadas y sin piedad. No encuentro solución a tantas luchas sofocadas bajo la sobra de los huesos, no hay querella que valga más que una estrella —aquella que me regalaste— en un momento feliz en donde no existió el dolor.
Desde la luz me alzo hasta encontrarte, hasta tocar la aurora y apresarla, sin que hayan preguntas o respuestas anidadas a mi sonido, a mi clamor desesperado en donde sólo hay sol y alba a mi regreso.

 
noris capin

domingo, 11 de septiembre de 2016

¿CÓMO SERÁ EL OLVIDO?

VISITANTES: 94 +1

Obra de Noris Capin


¿CÓMO SERÁ EL OLVIDO?
I
Pregunto ahora ¿Cómo ha de ser el olvido
en las horas del crepúsculo, cuando a nadie
le importa la baba que rueda inocente sobre
los labios, levemente en decadencia de piel,
y que cae despacio sobre el mentón una vez
erguido como el orgullo de los dioses?
¿Habrá ese amor que imaginamos o quizás
el filo de la ironía nos protegerá de la risa
en que vivimos en lucidez o en avivamiento,
en un rincón de aire o en un barrio pobre
pidiendo qué?

II
¿Cómo será el olvido, si ya en incertidumbre
el poder que nace de la omisión sin nombre
 ya tiene nombre, y que a la vez tiene vida
en la sombra de hoy y del dolor que sorteará
un terreno en el cuerpo, como en las ferias,
de carruseles oxidados por el temporal?

III
El oído se llenará de larvas y no se podrá oír
el silbido de la brisa o canto de algún pájaro
armando un nido alto de voces, frente a Dios
o ante el origen renovado de la juventud.
Qué terrible cuando llegue el momento de fe
en que pensemos habrá una aldea dentro
de una ciudad cualquiera –preferiblemente
allí, bajo las capas de la noche– o en una ola
en regresión del punto seguro del ayer,
o en una localidad arrendada, de poco bolsillo,
para no sentir ha sido en balde haber vivido
contando los kilos en la magnanimidad
de un amo astuto en su omnipotente e inútil
bondad.
 
IV
¿Cómo será la oscuridad que apenas arribará
en su bozal de neblinas, de humos y de velos
que nos verán pasar en vano, perfumados
de ungüento –tal como si el viento no nos
hubiese conocido– y la lluvia no nos hubiese
inundado de agua; habría, entonces, una hora
concebida de luz?
¿Y cómo ha de ser el olvido en momentos
de largas fechas y de cortas resucitaciones,
de corazón a corazón, renacidos al latido
de arterias y venas, de debilidad y dolencia
preocupados, no más, por amor o felicidad?

V
Aquella canción de cuna en que soñamos
un futuro incierto, va ser para siempre eterna
soledad de mente, de espíritu y de cuerpo
escuchándose como en los salmos ilustres
de David en un día de fiesta…

VI
Ay, cuando aparezca ese tiempo cargado
de alimañas dejando su aguijón en piel
de oveja o en tez de araña, sabremos no
habrá un día en que no inmortalicemos
los días de retorno al bosque encantado,
o a las orillas sombreadas de góndolas
imposibles de navegar.
Ay, cuando florezcan las arrugas ¿Quién
se acordará del verso? de las incontables
palabras de las que nunca volverán a ser
inmortales como el tiempo de irnos, al fin,
al verdadero lado de los sueños,
solos, sin un adiós que importe al tiempo
en que me olvidas.

noris capin

© N.C. Derechos Reservados/USA
Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio sin la autorización de la autora.
 

lunes, 5 de septiembre de 2016

SON DE LLUVIA

VISITORS: 13
 
Son de lluvia


Son de lluvia agítame cuando vengan tus aguas
a despertar el murmullo de tu canto sobre la vía
de suave légamo.
No hay sino un balbuceo de niños, no existe
sino un camino de agua socavando el terreno
de mis noches o alzando el aroma de tu eterno
palpitar...
Tantas veces deseé el arribo de tu fluido pasar,
lento, sobre el alcantarillado y la acera,
y no pude alzar mis manos para bañarme
con el bienestar de tu insistente riego.
Y yo quise ser tuya, agua, sedienta de  divisar
cómo caía tu mojada sombra sobre el sedoso
surco que dejan tus gotas sobre mi cuerpo.
Son de lluvia, avísame cuando regreses a ver
si asiento mis pies sobre el pavimento lleno
de  tu ilustre aliento y salmo.
 

noris capin

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

MUJER

 
VISITANTES: 130

Tributo a la mujer en Cristo
Mujer ejemplar no es fácil hallarla;
¡vale más que las piedras preciosas!

                                                     Proverbios 31:10

Mujer, nacida de la mujer, alianza, eco, imagen suave  del rocío, luna bajada del cielo, verso raudo del Universo. ¡Escucha este pregón inspirado! festivo, alegre,  de profundo poderío, fiel  a las notas del arpa, devoto  al compás de los ríos.
Eres la flor pura del Este, la estrella ilustre del Sur, la llovizna grata del Norte, la onda azul del Oeste, la pasión sutil del Caribe y las Islas Vírgenes de la naturaleza.
Es para ti esta porción de luz, el aria de los arcángeles te alzan con su galanteo de paz, el monte
de los olivos te abraza y te nombran los mares de Mediterráneo.
Cómo te cantan las rondas y las rosas te veneran; los jóvenes prorrumpen la inmensidad de tus formas, en el calor de tu abrazo, extendido en tu mirada:  sin límites, sin líneas   acortando tu paso, sin orillas alargando tu senda; la voz de las promesas te aplaude y proclama tu encanto.
Para ti es este cántico, mujer, en donde se afinan las liras  y pactan contra la desdicha  los ángeles, y se armoniza el amor del espíritu desde el dolor y la vida.
Eres inolvidable, mujer,  perenne luz de la sociedad,  hierba de todos los olores, novia del mar, de infinita dulzura, vida de hoy, vida de mañana y de siempre.  Mujer, eres tú, soy yo, somos la increíble amplitud del tiempo y del amor hecho cuerpo, puesto en medalla brillante de luz y de cantos.
Contigo se propagan los campos y las siembras se hacen más plenas, más consientes de las lluvias que riegan tus frutales límpidos, sin manchas y sin penas ni agresiones.
Eres el la galaxia de los confines de la tierra, la máxima inspiración de los poetas, de los dioses comprometidos con tu candor y belleza.  Eres, sin dudas, el caracol descansando en la arena, eres el aire de los mares que vuela por encima de las gaviotas de las playas; tu manto firme deletrea la grandeza de una estrella alineando el surco de la caña, que crece hasta tus rodillas, rompiendo la hierba muerta hasta abrazar el verdor de la hierba viva, cultivada bajo tu falda de franjas blancas.
Eres la sal del mundo, la única bandera que ondea en lo alto, la cremallera que sube y baja para conciliar los versos, escritos con esperanza.  Eres, eres, la máxima musa de los mortales, la tierra en donde nacieron los higos, en donde los higos crecen al son del clarín o al murmullo de los barcos y las olas...
Sin ti no hubiesen brotado las descendencias pues no existe otro ser que pueda amamantar la vida a modo de ofrenda, de la misma forma en que tú lo has hecho.  Sin ti no hubiese sido fiel el calor de sol abrazando la vida, tiñéndola de esperanza, haciéndola más grata —como amortiguando los dolores y sembrando la felicidad que emana—; sin ti el balance del hogar no tiene el nivel que iguala la rectitud del mar sobre el horizonte.
Dice la Palabra de Dios lo siguiente: Se reviste de fuerza y dignidad, y el día de mañana no le preocupa. Habla siempre con sabiduría, y da con amor sus enseñanzas. Proverbio 31:25-26.
Tus manos de trabajadora incansable se alzan en plegarias, al unísono con los ángeles, que cuidan de tus noches y de tus días. Y donas tu amor a quienes amas y por quienes sufres, mujer de las semanas entretejidas de obligaciones, de tanto laborar para los tuyos, para ser del cultivo, un manjar, una vianda traída de los surcos en donde crecen los regadíos.
Sin ti no hubiesen brotado los paisajes ni tampoco germinado la flor en donde está tu parecido, en donde se encuentran las guirnaldas que adornan tu cabello: negro, rubio, y de tantos dolores allegados a tu sien.  Sin ti no hubiese sido posible el amor, dado en bandejas de plata, en tenedores de bronce y  en vajillas de oro para ofrecer lo mejor que Dios puede ofrecer a los tuyos.
Mujer de Dios, ámate a ti misma, conserva el flujo de la vida en tus manos, hidrátate con el agua de la fuente del Señor, todos los días, a toda hora, en todo lugar y tiempo.

 

Dice la Palabra de Dios: Se reviste de fortaleza y con ánimo se dispone a trabajar. Cuida de que el negocio marche bien, y de noche trabaja hasta tarde.  Con sus propias manos hace hilados y tejidos. Proverbios 31:17-19

 
noris capin