Atención: Todas las obras del blog "ME ENCANTA SER YO" están protegidas por la propiedad artística de Noris Capin.
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lunes, 29 de mayo de 2017

LOS HUESOS SECOS


Los huesos secos
El Señor puso su mano sobre mí,
y me hizo salir lleno de Su poder,
y me colocó en un valle que estaba
lleno de huesos.”

Ezequiel 37:1

 

Cuando mediten  las lecturas del Antiguo Testamento, encontrarán un tesoro escondido en cada página. Cada lectura  declara un conjunto de  libros canónicos escritos en la Biblia, donde se ratifica la existencia de Dios a través de las profecías inspiradas por las experiencias del pueblo judío al introducirse las fuentes de la revelación cristiana.
Pero al analizar la esencia que emana de la profundidad que encierra cada escrito profético, de mensajes y recomendaciones de la Santas Escrituras, podrán hallar el alimento que prepara al ser humano a conocer más la Palabra de Dios, la que se hizo carne en el Nuevo Testamento por medio de la venida de Jesucristo.
El profeta Ezequiel fue un hombre de una profunda fe y brillante sabiduría; él percibió innumerables revelaciones divinas en forma de visiones y se valió de muchas acciones simbólicas para impartir y expresar los mensajes que están en el Sagrado Libro.
Hace muchos años hubo una lectura en el Antiguo Testamento que tuvo una impresión sorprendente en mi vida y, cuando la leí, por casualidad, comencé a dar signos de vida, de ese aliento refrescante que avivó cada célula de mi ser. Y esa lectura se encuentra en  Ezequiel Capítulo 37: Los huesos secos.

Cuando releí el título divino e inverosímil, no tuve otra alternativa que sentarme a leer con detenimiento el mensaje que dejó escrito Ezequiel.  De alguna manera esa lectura hizo un impacto sonoro en mi existencia, tanto, que su contenido se encargó de devolverme la vida y armarme de valor.

Esa lectura la comparto con ustedes porque deseo que la descubran, que la desmenucen y la entiendan en las páginas del Antiguo Testamento.  Esta misiva de esperanza se encargó de llenar mi vida de un soplo cálido de amor y esperanza ya que  es un mensaje que almacena una serie de palabras de subsistencia y no de muerte. 
¡Aliento de Vida!: soplo del alma: respiro, ánimo, impulso, emanación, vértigo interno, viento.  Vida, Vida, Vida...
Al leer esa lectura —despacio y contemplativamente—, con la seriedad de una alumna aplicada, fui procurando entender el escrito como si una voz me transportara a meditar profundamente el mensaje profético, alcanzando un diálogo íntimo con Dios lleno de luz y armonía divina.
Dice la Palabra de Dios: El Señor puso su mano sobre mí, y me hizo salir lleno de su poder, y me colocó en un valle que estaba lleno de huesos. El Señor me hizo recorrerlo en todas direcciones; los huesos cubrían el valle, eran muchísimos y estaban completamente secos. Entonces me dijo: "¿Crees tú que estos huesos pueden volver a tener vida?" Yo le respondí: "Señor, solo tú lo sabes."
Sin embargo, para entender este anuncio con la transparencia que se merece cada estrofa, tuve que colocarme en el medio del mismo valle “repleto de huesos secos” y a medida que comencé a leer todos los versículos correspondientes a la lectura, empecé a experimentar y a sentir que mis huesos estaban completamente huecos, secos y sin vida, exactamente como lo anunciaba el gran profeta.
Pero esta lectura, lejos de dejarme lista para cerrar la Biblia y olvidarla, me dispuso  a continuar leyendo,  adentrándome intensamente en su contenido. Sentí, verdaderamente, que estaba escuchando la voz de Dios ofreciéndome una esperanza.
El Señor me dijo:  “Habla en mi nombre a esos huesos secos.  Diles: “Huesos secos escuchen este mensaje del Señor:  voy a entrar en ustedes aliento de vida para que revivan.  Les pondré tendones, los rellenaré de carne, los cubriré de piel para que revivan.”  Ezequiel 37:4-6
Y eso fue precisamente lo que yo percibí cuando mis ojos se detuvieron en esa lectura curativa:  mi cuerpo estaba compuesto de huesos secos y sin fuerzas, carentes de la piel protectora y llenos de tendones flácidos e inertes.  De de tanto andar por los caminos del sufrimiento, todo en mi se había quebrado: mis piernas, mis brazos, mi juventud y mis deseos de vivir una vida feliz.
Sin embargo, la Palabra de Dios revive y fortalece, renueva y enaltece al caído con el soplo fulminante de Su poder sacando de las fosas oscuras y húmedas al que pone su fe y confianza en Dios. 
No quiero detallar más el mensaje, sino que deseo y las invito a que ustedes mismas abran sus Biblias y busquen el susurro de Dios en la Santa Palabra de Ezequiel.
Entonces el Señor me dijo:  “Habla en mi nombre al aliento de vida y dile: Así dice el Señor:  aliento de vida, ven de los cuatro puntos cardinales y da vida a estos cuerpos muertos.  Yo hablé en el nombre del Señor, como Él me ordenó y el aliento de vida vino y entró en ellos”.  Ezequiel 37:9-10



 
 
Noris Capin
 
Articulista del periódico
"En USA News"
 

MARIPOSA Y CLAVEL

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MARIPOSA Y CLAVEL  
I
Es cierto que las niñas fantasean
y a primera hora de la mañana
juegan a ser mariposas.
Mariposas que volaban distraídas
por el pequeño monte circundante
a nuestra casa de verano.
Y yo me nombré Mariposa,
y ese nombre en vez de alejarme,
me llevaba a recorrer la espesura
de las flores al despunte del sol.
Recuerdo que era dulce mi volar
por la vida, ¡todo lo veía adorable
desde mis ojos de alas mañaneras!:
ojos que lograban elevarse hasta
la misma eternidad.
Mi amigo aliado se llamaba Clavel
¡no sé de dónde saqué su nombre!,
pero sí sé que era mi acompañante,
mi amigo de juegos; el imaginado
personaje, mi enamorado oloroso...
Tenía yo alrededor de diez años,
cuando mi imaginada flor accedió
a volar conmigo por los desvíos
y los pinos altos de mis sueños.

 
II
Y como la fantasía que precede
las imagenes de las irrealidades
de las niñas, Clavel acabó siendo
un recuerdo, un refugio asomado
en la llanura, siempre nítido
el dibujo de su perfil en mi mente.  
Los rostros y el cuento quedaron
en la percha de los años atesorando
polvo, atando hojas para que fuesen
ramas, persiguiendo la dicha
para que no huyeran de la ilusión;
 para que fuesen eternas luciérnagas
de luz y de recuerdos.
Siempre seré la mariposa del aire,
la que no deja de volar por el campo,
la que aún recuerda sus fantasías
unida a Clavel que habrá de volver
a volar conmigo siempre.
 
 

Cuento poético de Noris Capín

®

 

 

domingo, 30 de abril de 2017

La fe en nuestros tiempos

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Imagen tomada de la Internet

La fe en nuestros tiempos

Por eso les digo que todo lo que ustedes pidan en oración, crean que ya lo han conseguido, y lo recibirán.

                                                                                          Marcos 11:24

En el orden espiritual, el hombre, desde que tiene uso de la razón, ha estado en una posición de descubrimiento, de aventura y de exploración.   Es difícil entender que estamos rodeados y salpicados por la sal de la tierra, de manera que toda la victoria se debe a la inquisición del hombre por salir adelante.  Necesitamos indagar la razón de la vida, las tenemos que palpar, pensar y descubrir para que formen parte de ese deseo de reconocer el desbordante conocimiento de lo interno y externo que nos rodea.  Es evidente que el hombre siente el impulso de asomarse al mundo para ver la vida desde otro ámbito más esperanzador.  Es admirable, que al ponernos en contacto con el universo, —cada vez más complicado— sentimos  la necesidad de desear más de la vida, de mejorarla y  hacerla más placentera por medio de la fe.
Pero ¿Qué es la fe? ¿En qué consiste? ¿Por qué no la podemos atrapar, pensar y descubrir? La fe es una virtud sobrenatural que no tiene explicación, pero que sabemos es plenaria y eterna a través de la creencia en Dios.   La fe es una de las tres bondades espirituales que nos declara Dios en 1 Corintios 13:13 y que dice así:  Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor.  Debido a la fe conocemos a Dios llegando hasta Él en oración y los deseos de esperar con certeza que "algo favorable va a suceder".    La fe nace del alma, de la magnitud interna del ser humano, del cimiento que sujeta a nuestros cuerpos en armonía a través del Espíritu Santo. 
La Palabra de Dios nos dice en 1 Pedro 1:8-9 Ustedes aman a Jesucristo, aunque no lo han visto; y ahora, creyendo en él sin haberlo visto, se alegran con una alegría tan grande y gloriosa que no pueden expresarla con palabras, porque están alcanzando la meta de su fe, que es la salvación.
Cuando decimos: "Yo creo, Señor" le estamos dando autoridad a Dios para que Él haga Su santa y divina voluntad.  Cuando decimos "Yo creo, Señor" estamos fortificando la confianza y la plenitud sagrada.  Nuestro ser está abierto y dispuesto a recibir a la misericordia del Señor  y no el clamor de la sociedad en donde vivimos.
Son muchas las cualidades que representan la fe, porque, además de sobrenatural (porque es un sentir intrínseco y milagroso) a la vez es firme, serena y compartible. A través de la lectura de la Palabra, podemos apreciar el mensaje de salvación que nos advierte que hay certitud y espera. 
Por otro lado la incredulidad del ser se convierte en desafío y resistencia, en soberbia, orgullo y vanidad que no responde al llamado de Dios. El incrédulo duda la presencia de Dios y no reconoce el cuño real puesto en el ser humano a la hora del nacimiento.  Entendamos que la fe no es una alianza forzada sino un don y una corona para el creyente. Dice la Palabra de Dios en Santiago 1:6 lo siguiente: Pero tiene que pedir con fe, sin dudar nada; porque el que duda es como una ola del mar, que el viento lleva de un lado a otro.
Lo que nos revela la fe es justo, es para el bien de todos, para que la esperanza florezca,  se contagie y se viva plenamente en un mundo de paz y concordia.  
La fe en nuestros tiempos caduca, se pierde entre los teléfonos y los medios de comunicación; la nueva moda de dejar a Dios a un lado no es como para aplaudirla o dejarla tristemente olvidada en un rincón de la casa.  La fe hay que vivirla todos los días para que sea agradable a Dios, para la sanación íntima del ser conforme a la ordenanza establecida de generación en generación por Dios, nuestro Señor.  La vida moral consiste en ajustar los actos libres a la ley natural de Dios y ponerlos en marcha, de tal forma que Su voluntad sea observada en espíritu y verdad.
 
 Columnista de En USA News

CIUDAD MÁGICA

 

"Lady in N.Y."
Obra de Noris Capin
 
 

CIUDAD MÁGICA

Abierta sobre mí,

esta ciudad extraña me cobija

cual si me hubiera dado nacimiento.

Como todos sus hijos, soy una extranjera,

alguien que vino de otra parte,

una que escapó de quién sabe dónde,

fugitiva de sus propios miedos.
 

He aprendido el idioma de Shakespeare

y le he enseñado el mío de Cervantes;

he aprendido de nuevo a descubrir

mi propio idioma a punto de perderme,

el que traje conmigo de la isla,

el idioma de niña sin miedo a las palabras.

 

Y he aprendido a callar,

como si nunca hubiera hablado

ciudad colosal que me cobija

cual si me hubiera dado nacimiento

en permanencia y vida.

 

Nada le debo a los oriundos del pueblo,

entre esta ciudad extraña y yo existe

un paisaje, una fuente, un delirio;

un amor realmente mío vive y muere

bajo la misma luz, unidos para siempre.

 



"La loca"
Obra de Noris Capin
 

ELLA

Ella esta erguida en su ventana de luz,

 
lejos de la oscuridad terrible de la noche:

escondida, falta de fe sus pensamientos
nobles.
 
Mira hacia fugas el invierno y se pierde,
 
ida su mirada de fiebre altiva: orgullosa,
terca en su franca locura.
Lamenta casi siempre la lluvia de luz
sobre el terreno cargado de sombras:
estremecida, falta de fe sus movimientos.
Ella esta erguida y no dice su nombre,
lo lleva a la sepultura su sentir de miedos:
adormecida, confiada, animosa, intensa,
llenos de fe sus pensamientos...

noris capin
Copyright
®

 
 

domingo, 2 de abril de 2017

Una sola esperanza

VISITANTES: 165
Obra de Noris Capin
"Resurrección"


Una sola esperanza

Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como Dios los ha llamado a una sola esperanza.  Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo;  hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos.
                                                                                                                        Efesios: 4: 4-6
 
Nuestra vida, aquí en la tierra, es un tiempo de aprendizaje que se asemeja a una rueda que da vueltas alrededor nuestro y nos hace entender que todo cambia y permanece. No tenemos conocimiento de cómo se desenvuelve nuestra existencia entre la plenitud y la carencia, entre el esplendor de los días en que todo suele ser favorable. También existen días  opuestos a la máxima totalidad del bien que nos dejan con un desequilibrio emocional por un largo tiempo.  
De igual manera, entendemos, que el vuelco que nos sorprende y nos hace alzar la guardia, nos sacude con vigor durante ciertas épocas y de vez en cuando no somos capaces de levantarnos de la acritud y seguir adelante.  ¿Por qué será? ¿qué hacemos y qué decisiones tomamos cuando sentimos que nada es propicio u oportuno para continuar viendo una vida estable y pacífica?
Cuando nos enfrentamos a esas situaciones, que nos dejan sin habla, ya sea porque no tienen sentido o porque la sorpresa nos tira al aire  —aniquilándonos— de tal forma que, resulta ineficaz poder entender por qué suceden las cosas.  Pensamos, tristemente, que la culpa de nuestra desdicha y fracaso es debido a la infracción de otros, a enfrentamientos equivocados, a disgustos nacidos de la nada y a trastornos llegados de repente a nuestra vida.
Nos volvemos como hojas frágiles que nos lleva el viento, personas sin potestad, mujeres y hombres sin fuerzas para combatir cualquier tipo de desavenencia que nos arranque de la amargura por no actuar con facultad en los momentos precisos de confusión y flaqueza.
Mas los conflictos no son situaciones que se deben tomar en broma, ni ignorarse.  Las batallas emocionales hay que enfrentarlas con inteligencia, con reflexión junto a la oración —que suele ser más efectiva que cualquier otro método para solucionar cualquier dificultad personal—.
Desafortunadamente, la vida nos lleva por caminos espinosos, por sendas prácticamente intransitables, por ríos demasiado profundos y montañas inaccesibles. Sin embargo cuando tomamos la rienda de nuestra existencia y cuando nos damos cuentas de que sí podemos transformar las cosas en situaciones controladas y aceptables, somos dignas de aceptar cualquier escenario indeseable.
Yo creo que lo más difícil es la confrontación con otros seres humanos —ya sea laboral, familiar, social o espiritual— llevándonos a un estado de lobreguez y penuria. El enfrentamiento suele ser catastrófico cuando las palabras escasean, cuando la timidez predomina, cuando la batalla persiste escalando hasta la agresividad.  Toda ofensa tiene tanto potencial como para causar una brecha permanente en una relación, cualquiera que esta sea.
Dice la Palabra de Dios ¡Vean qué bueno y agradable es  que los hermanos vivan unidos!
Es como el buen perfume que corre por la cabeza de los religiosos y baja por su barba
hasta el cuello de su ropaje.
Así debemos nosotras ser en este corto viaje de vida, ungidos con los aceites de la misericordia y los aromas de sensibilidad hacia nosotros mismos, con la ternura inicial de una niño, con la humildad que nos viste con los mejores ajuares del Señor.  Pero hay entornos y personajes que aparecen como fantasmas que nos encallecen la vía y muchas veces es imposible ser sensibles, humildes y tiernos. 
Las Escrituras declaran que Dios Todopoderoso literalmente envía bendiciones diariamente, señas, gracias y dones muy difíciles de obviar. Dios nos dirige y nos encamina a meditar los rasguños del hermano y las facturas del pasado que no podemos olvidar. Él insiste en la sanación integral de todo ser humano para vivir una vida fuera de lo común, una vida plena en Su piedad sanadora. Él mismo nos frena la lengua cuando las palabras hieren la dignidad de otros, Dios en Su inmensa bondad nos advierte cuando en silencio delatamos nuestra impaciencia con actos imperdonables y crueles.
Y para terminar esta reflexión acerca de cómo enfrentarnos a las confrontaciones diarias, les quiero decir que no es fácil aceptar que hemos errado, no es cómodo sentirse que hemos ofendido a otros porque hemos actuado defensivamente en una conversación entre amigos. No es como para salir de fiesta y reír cuando a sabiendas hemos pecado en contra del hermano.
Sean humildes y amables; tengan paciencia y sopórtense unos a otros con amor;  procuren mantener la unidad que proviene del Espíritu Santo, por medio de la paz que une a todos. Efesios 4 : 2,3 de acuerdo a la Palabra Santísima de Dios.  Amén, Amén.
 
 
Noris Capin

domingo, 5 de marzo de 2017

La vida en el tiempo

VISITANTES: 432
Obra de Noris Capin
 
La vida en el tiempo

—Todavía estará entre ustedes la luz, pero solamente por un poco de tiempo. Anden, pues, mientras tienen esta luz, para que no les sorprenda la oscuridad; porque el que anda en oscuridad, no sabe por dónde va. 
                                                                                                                                      Juan 12:35
 
No sabemos cómo manejar el tiempo que Dios nos ha otorgado, no percibimos la vida desde la semilla, desde el fondo de la edificación de nuestra existencia.  No dominamos las horas ni los días porque creemos que el tiempo es tan solo tiempo, algo que se nos ha dado por lealtad o como un premio.  La vida, amigos, está abierta delante de nosotros para apreciarla de tal manera, que, como un tesoro incalculable, la debemos de cuidar con esmero.
La vida se profundiza más dentro de nosotros dentro del período que nos consume;  las horas y los minutos se pierden sin darnos cuenta que íntimamente, los lapsos y los instantes que vivimos se convierten en bendición. Si somos capaces de ver y sentir que todo en la vida existe gracias a la misericordia de Dios, encontraremos que todo tiene un propósito en la vida. 
No obstante, existe algo más que se siente cada día cuando encontramos que los días y las noches son capítulos sin fragmentar, hojas limpias del calendario nuestro, como un nuevo comenzar diario que nos anima y nos enriquece.
No imaginamos la grandeza de cada día cuando estamos atravesando por momentos de incertidumbre, y no presenciamos la armonía de cada cosecha, de cada esfuerzo de nuestro espíritu, de cada voluntad y fervor dado a cada instante.  No observamos que en cada situación hay una razón, una entrega, un respeto y consideración porque podemos respirar todos los día. Demos gracias a Dios por eso.
Mas el tiempo en que vivimos y estamos, no es más que una ofrenda, un regalo o un aguinaldo como añadidura y no un homenaje o galardón.  La vida hay que salvarla las veinticuatro horas al día, la tenemos que arrullar como se  acaricia a un niño, lleno de gracia, lleno de inocencia pura.  Así de puros debemos caminar la vida y abrazar el tiempo que nos dona Dios sin espavientos ni atrevimientos modernistas sino con admiración y reverencia, con  cortesía, con la veneración que nos empuja a hacer el bien pase lo que pase.
El tiempo puede ser el rival del hombre o el compinche fiel que nos acompaña por muchos años. Es cierto que el reloj nos depara sorpresas y adversidades, pero en realidad el tiempo es la recompensa y la aureola que nos dejó escaparnos de la nada hacia todo lo infinito, quiero decir, que salimos del vientre maternal para abrirnos a un mundo de posibilidades e imposibilidades. 
El exceso de actividades nos alejan y nos esterilizan, nos dividen de tantas cosas, nos desunen del verdadero sentido de la vida y, muchas veces, nos detienen y nos paralizan abrumándonos de tal manera que se hace insostenible balancear cada paso y cada día. 
Es importante señalar que el tiempo que nos regala Dios hay que aprovecharlo, no viviendo de modo arriesgado o a lo loco sino más bien viviendo con moderación, haciendo decisiones correctas, valorando el cuerpo, tomando medidas sabias en todo momento. El Señor nos ha donado el tiempo para que honremos la vida de una manera agradecida y ferviente, sana y fructífera.
Estamos viviendo los peores días de nuestra existencia, los más insensatos y desacertados. Pensemos pues cómo podemos consolidar el tiempo y la vida colocando a Dios como una antorcha encendida delante de nuestros ojos ciegos e ignorantes.  Demos las gracias a Dios por la vida.
Amén, Amén.
Dice la Palabra de Dios en Efesios 5:15-16: Por lo tanto, cuiden mucho su comportamiento. No vivan neciamente, sino con sabiduría. Aprovechen bien este momento decisivo, porque los días son malos.

 
Columna de En USA News
de Noris Capin

domingo, 5 de febrero de 2017

HABLEMOS DEL AMOR



VISITANTES: 583
Hablemos del amor
Obra de Noris Capín
 
Si hablo las lenguas de los hombres y aun de los ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
                                              1 Corintios 13: 1
Hablar del amor es una cuestión del alma puesto que no todas las personas son capaces de hablar del amor o difundirlo hasta expresarlo de una forma genuina o humilde que arranque de raíz todo lo negativo o temeroso que habita en el corazón. 
El amor nace del aire: no lo podemos ver, no lo podemos abrazar o vislumbrar, pero si lo podemos sentir. Es como una ola de paz que se alarga y se encoge como un lazo que no se puede romper o mancillar.
El sentimiento reside y se nutre en el ambiente, y nos está esperando para resucitarnos, haciendo castillos en la arena, ampliándose apaciblemente, y en vigilancia eterna espera a que se advierta su gran magia y su incalculable poderío. 
La voluntad está en el soplo iluminado de la vida y no lo sabemos descubrir porque somos egoístas, no podemos abrazarlo porque tenemos las manos llenas de las cosas mundanas, no lo podemos oír porque estamos sordos ya que el bullicio del entorno es insoportable.
Estamos rodeados de todo tipo de agresión circunstancial que aparta lo espontaneo y lo repentino en nosotros, haciendo un hueco dentro del alma colmada de decepciones de todo tipo.  Todo lo insano de la vida aparta el torrente existente que vive en el aire, de manera que lo que hay en el espacio, y que se llama amor, no se advierte y no se examina con cuidado. Estamos mecánicamente expuestos a las ráfagas de las tormentas, y nos extraviamos de la corriente vital del amor y nos alejamos... 
Tomémonos un minuto, ahora mismo, y notemos la abundancia del amor. El aire está lleno de él, del amor de Dios, colmado de la esencia que no sabemos distinguir, pero que está repleta de vida, del oxigeno vital que hace ruido en el interior de la persona.  Un tiempo de discernimiento, para que el corazón oculte los despojos dolorosos que tratamos de olvidar, nos da la satisfacción de sentir los latidos del pecho sin alarmas.  También en el transcurso del recorrido hacia el amor podemos hallar la compasión, la dicha y la habilidad de aliviar los desengaños que han causado deterioro, eliminado lo impuro y lo viciado en el ser humano.  Tomémonos un instante de gloria para fluir el amor hacia fuera, para después traerlo a residir intrínsecamente dentro del ser. 
Ese momento de fe que nos regala Dios, es el camino para compartir la vida con otra persona, no para las juergas o sentir un gozo instantáneo o pasajero sino para el bien, para comunicar el afecto, para impartir la paz y corresponder con humildad y orgullo.
Hablemos del amor, como dice la canción de Raphael, una vez más, para tomar la vida desde el conocimiento interno, desde la voz de Dios que se debe de escuchar en silencio.  Hablemos del amor y comprendamos que existe, que el revoloteo de las arterias del corazón es válido.
Nos dice la sanadora del Señor en 1 Corintios 13:4-6  lo siguiente:   Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor;  es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad.
Hablemos del amor y cantemos con panderos y salterios, con el ansia de compartir con ilusión, con el deseo de donar lo mejor del ser, con un espíritu de entrega amable, con el ánimo sensible para recibir las palabras, con ansias de comunicación y con la virtud siempre vigente abrazada a la misericordia de Dios Santo.
Confiar en el amor sincero al despertar todos los días, es lo que se debe de esperar, manso a las palabras sanadoras, sencillo al abrazo fuerte de la ternura, natural a la devoción pacífica, para descansar en Dios como un regalo que se ha de recibir en algún momento o en un instante de vida.
Recordemos lo que dice la Palabra de Dios en 1 Corintios 13:13: Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres es el amor. Amén.

 


 Columnista del periódico "En USA News"

Edición de Febrero 2017