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martes, 11 de octubre de 2011

Los huesos secos

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Los huesos secos
"El Señor puso su mano sobre mí,
y me hizo salir lleno de Su poder,
y me colocó en un valle que estaba
lleno de huesos.”
                                 Ezequiel 37:1




Cuando medito las lecturas del Antiguo Testamento encuentro un tesoro escondido en cada página. Cada lectura declara el clamor de Dios comenzando desde la primera parte de los libros canónicos de la Biblia, ratíficando la existencia de Dios a través de las profecias inspiradas por las experiencias del pueblo judío y las fuentes de la revelación cristiana.
Pero al analizar la esencia que emana de la profundidad que encierra cada escrito profético, mensajes y recomendaciones de la Santas Escrituras, encuentro el alimento que me prepara a conocer más la Palabra de Dios, la que se hizo carne en el Nuevo Testamento por medio de la venida de Jesucristo.
El prófeta Ezequiel fue un hombre de profunda fe y brillante sabiduría; él persibió innumerables revelaciones divinas en forma de visiones y se valió de muchas acciones simbólicas para impartir y expresar los mensajes que están en el Sagrado Libro.
Hace muchos años, hubo una lectura en el Antiguo Testamento que tuvo una impresión sorprendente en mi vida y, cuando la hallé, por casualidad, comencé a dar signos de vida.
Ezequiel capítulo 37: Los huesos secos.
Cuando leí ese título hermoso e ilógico, no tuve otra alternativa que sentarme a leer con detenimiento el mensaje que dejó escrito Ezequiel.  De alguna manera esa lectura hizo un impacto sonoro en mi existencia, tanto, que su contenido se encargó de devolverme la vida y armárme de valor para todo lo que sucedió después.
Esa lectura la comparto con ustedes porque deseo que la descubran en las páginas del Antiguo Testamento esta misiva de esperanza que se encargará de llenarlos de vida como un soplo cálido de amor y esperanza.  ¡Aliento de Vida!: soplo del alma: respiro, ánimo, impulso, emanación, olor a hierba mojada, vértigo interno, viento.  Vida, Vida, Vida.
1 El Señor puso su mano sobre mí, y me hizo salir lleno de su poder, y me colocó en un valle que estaba lleno de huesos. 2 El Señor me hizo recorrerlo en todas direcciones; los huesos cubrían el valle, eran muchísimos y estaban completamente secos. 3 Entonces me dijo: "¿Crees tú que estos huesos pueden volver a tener vida?" Yo le respondí: "Señor, solo tú lo sabes."

Los invito a terminar la lectura de Ezequiel Capítulo 37: 1,14  y que Dios los bendiga.