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domingo, 5 de febrero de 2017

HABLEMOS DEL AMOR



VISITANTES: 465
Hablemos del amor
Obra de Noris Capín
 
Si hablo las lenguas de los hombres y aun de los ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
                                              1 Corintios 13: 1
Hablar del amor es una cuestión del alma puesto que no todas las personas son capaces de hablar del amor o difundirlo hasta expresarlo de una forma genuina o humilde que arranque de raíz todo lo negativo o temeroso que habita en el corazón. 
El amor nace del aire: no lo podemos ver, no lo podemos abrazar o vislumbrar, pero si lo podemos sentir. Es como una ola de paz que se alarga y se encoge como un lazo que no se puede romper o mancillar.
El sentimiento reside y se nutre en el ambiente, y nos está esperando para resucitarnos, haciendo castillos en la arena, ampliándose apaciblemente, y en vigilancia eterna espera a que se advierta su gran magia y su incalculable poderío. 
La voluntad está en el soplo iluminado de la vida y no lo sabemos descubrir porque somos egoístas, no podemos abrazarlo porque tenemos las manos llenas de las cosas mundanas, no lo podemos oír porque estamos sordos ya que el bullicio del entorno es insoportable.
Estamos rodeados de todo tipo de agresión circunstancial que aparta lo espontaneo y lo repentino en nosotros, haciendo un hueco dentro del alma colmada de decepciones de todo tipo.  Todo lo insano de la vida aparta el torrente existente que vive en el aire, de manera que lo que hay en el espacio, y que se llama amor, no se advierte y no se examina con cuidado. Estamos mecánicamente expuestos a las ráfagas de las tormentas, y nos extraviamos de la corriente vital del amor y nos alejamos... 
Tomémonos un minuto, ahora mismo, y notemos la abundancia del amor. El aire está lleno de él, del amor de Dios, colmado de la esencia que no sabemos distinguir, pero que está repleta de vida, del oxigeno vital que hace ruido en el interior de la persona.  Un tiempo de discernimiento, para que el corazón oculte los despojos dolorosos que tratamos de olvidar, nos da la satisfacción de sentir los latidos del pecho sin alarmas.  También en el transcurso del recorrido hacia el amor podemos hallar la compasión, la dicha y la habilidad de aliviar los desengaños que han causado deterioro, eliminado lo impuro y lo viciado en el ser humano.  Tomémonos un instante de gloria para fluir el amor hacia fuera, para después traerlo a residir intrínsecamente dentro del ser. 
Ese momento de fe que nos regala Dios, es el camino para compartir la vida con otra persona, no para las juergas o sentir un gozo instantáneo o pasajero sino para el bien, para comunicar el afecto, para impartir la paz y corresponder con humildad y orgullo.
Hablemos del amor, como dice la canción de Raphael, una vez más, para tomar la vida desde el conocimiento interno, desde la voz de Dios que se debe de escuchar en silencio.  Hablemos del amor y comprendamos que existe, que el revoloteo de las arterias del corazón es válido.
Nos dice la sanadora del Señor en 1 Corintios 13:4-6  lo siguiente:   Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor;  es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad.
Hablemos del amor y cantemos con panderos y salterios, con el ansia de compartir con ilusión, con el deseo de donar lo mejor del ser, con un espíritu de entrega amable, con el ánimo sensible para recibir las palabras, con ansias de comunicación y con la virtud siempre vigente abrazada a la misericordia de Dios Santo.
Confiar en el amor sincero al despertar todos los días, es lo que se debe de esperar, manso a las palabras sanadoras, sencillo al abrazo fuerte de la ternura, natural a la devoción pacífica, para descansar en Dios como un regalo que se ha de recibir en algún momento o en un instante de vida.
Recordemos lo que dice la Palabra de Dios en 1 Corintios 13:13: Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres es el amor. Amén.

 


 Columnista del periódico "En USA News"

Edición de Febrero 2017

 

 

 

 

domingo, 1 de enero de 2017

ALBOR ANOCHECIDO

VISITANTES: 412
 
ALBOR ANOCHECIDO

Todo en silencio.
Se acabará la miseria,
y la muerte no será
un toque de queda
sino una feria.
Seremos, pues,
un sonido de verdes
quimeras en el tibio
lugar del vacío.
Se olvidará la culpa,
y la inocencia será
más que un simple
descanso en el eco
delator del tiempo.
Ya lo creo. Es cierto.
Solo la espera será
recibida a fin de ver
la alborada mostrar
fiel los sentimientos.
Después de tantos
albores anochecidos,
vendrá la brisa
a besarte.
 

noris capin 

sábado, 26 de noviembre de 2016

Y me dijiste

                   VISITANTES: 704
Y ME DIJISTE...
 
 
 
 
Y me dijiste que mis  ojos se igualaban

a la yerba buena, a los montes lejanos 

en donde se visten los  campos de plantas

y de cigüeñas.

Allí donde se acopian los matices

de agua fresca, de sal y de todos los bienes

que respira la tierra.

Me dijiste que era como la lluvia inmensa

y que lo abarcabas todo con mi abrazo

durante las nieves y constantes fiestas.

Me dijeron que mi tez era serena

y que ardía la vehemencia  en mi frente,

encima de la raíz de todas mis penas

y tu recordada ausencia.

Y yo te divisé un día al nombrarte mío,

en las alas del frío silencio, en la escuela,

entre los pupitres que me guarecían del miedo

de tantas suertes acopladas a mi mente

y al destino que no supo decirme nada

de tus ojos, de tu abrazo y de tu suerte.
 


 


 


















 

YO, LA DE LOS OJOS TRISTES

 

 

 

 

 
Tú, tú querida en el hondo reír de las amapolas.
¿Dónde estás? apenas diviso tu silueta; tu voz
delicada ya no vibra junto a las algas marinas
de tu cuerpo.
Tú, queridísima criatura de fieltro en que borras
la última llama de silencio; nada dice el rumor
en madrugada en que te has ido.
He mirado el sentir de algunos ojos robados,
hasta el profundo dolor de entonces,
luego de la vez en que lloraron ya no se olvidan.
Niña, tú tienes el verdor beato de la suerte loca
en que llevas a cuestas tu cintura, niña, niña,
de las flores y los ojos tristes.
Avísame de tu esfuerzo tejido a tu ser desnudo
reclamando la ternura en pies descalzos.
Tú imaginas y yo ignoro !tantos logros! fechas
largas y vencidas, vasto amedranto en hierba
fresca.
Revélame tu soledad en la bandeja de la dicha.

 
 



 
noris capin