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domingo, 30 de noviembre de 2014

DESDE MIS POEMAS

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La alegría del buen dador


«Debes dar siempre y sin que te pese, porque por esta acción el Señor tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas y emprendas.»

                                                                          Deuteronomio 15: 10
En estas fiestas, y siempre, el ser humano se siente abrumado y aplastado por esa sensación de deber que trae la Navidad.  Sin embargo no podemos medir con nuestras propias fuerzas, la inmensa satisfacción de ver a nuestros niños jugar con sus juguetes, o con un presente que desata la felicidad en sus rostros sin antes pensar en lo poco que tubo Jesús a la divina hora de nacer.
Y con un telescopio señalando el Norte, vemos los astros brillar y, nos preguntamos, qué buena estrella  nos enviará  Dios en el nuevo año o en la Navidad, algo que cumpla con los deleites de júbilo y paz que disfrutamos, sin que profesemos esa sensación de desarraigo y desacuerdo sino más bien sintamos la plenitud de Dios y la certeza de vivir.
Miramos, pues, a los desamparados que no tienen nada, y que no pueden comprar nada a sus hijos por cuestiones económicas o por las escaseces que les impiden el gozo inigualable de obsequiar. Ellos, por su propia dignidad, aceptan su situación, quizás, con cierta resignación y orgullo, admitiendo y contentándose con las minucias que reciben o dan.  No obstante nos dice Isaías, en el Capítulo 14, 30, lo siguiente: «Los pobres tendrán en mis campos pasto para sus rebaños, y la gente sin recursos descansará tranquila».
El derroche mata a los hombres y los encumbra, los dejan con la sensación de poder que no es más que el engreimiento de poseer los bienes que se compran con los dólares.  No caigan en la costumbre de alimentar el ego y de permanecer en ese estado de embriaguez por la fuerza que genera el dinero, que no proporciona o colma la felicidad, sino que facilita una insatisfacción personal muy grande junto a un vacío interno mucho mayor.
Más bien busquen la buena estrella de la armonía, del perdón que se pierde dentro del corazón del ser humano y se esconde.  Anden y persigan la felicidad personal, la única dicha que no se encuentra en la puesta del sol o en los recovecos de las calles sino en la inmensidad de uno mismo y de Dios.  Por tanto sepamos que el verdadero gozo del ser es el premio extraordinario que merecemos y la herencia que nos promete Dios, con la libre voluntad que nos sirve para escoger lo excelso de la vida en grandes y pequeñas cantidades.
Somos nosotros los que elegimos y, optamos, por excelencia, la dignidad que nos amolda a las normas de Dios para la salud integral y física de nuestros cuerpos: la veracidad del amor, la justicia, la bondad que abunda en el corazón del hombre, la sinceridad que fluye de un abrazo, la honestidad de las palabras, la nobleza al obsequiar lo simple, la humildad de no creerse superior a otros; la alegría de vivir y el agradecimiento. Estas pautas de espíritu y fuerza, sencillas y plenas, las podemos adoptar como permanencia de vida, como el indispensable obsequio de Dios.  Nada material es válido o provechoso para el bien del cristiano que honra la importancia de Dios en su existencia. Nada es permanente más  que la ayuda de Dios en momentos de rigor o desesperanza. Solo Dios es regalo que debemos esperar en la Navidad y que se complementa con la paz del alma y la unión con la Humanidad y con nosotros mismos.
Por otro lado, y sin ningún valor monetario, agradecemos una sonrisa, un abrazo de paz y una felicitación salida del corazón. Lo demás es mero consumismo, no olviden eso.
¿Qué solemnidad y honra, qué fama y admiración, qué mérito o poderío podría el ser humano imaginar mayor que el ser parte del amor de Dios, de la misericordia de Su Santa Voluntad y la vida venidera sobre todo obsequio mundano que no tiene sentido ni mérito?
¿Qué encontrarás debajo del papel de regalo sino algo sin vida, no como el rostro de Dios puesto dentro de tu corazón y tu alma, envuelto en bendiciones para el bien tuyo y los demás?
Nos dice la Palabra de Dios en Isaías Capítulo 12, Versículo 5,6 lo siguiente: «Canten al Señor, porque ha hecho algo grandioso que debe conocerse en toda la tierra. Den gritos de alegría, habitantes de Sión, porque el Dios Santo de Israel está en medio de ustedes con toda su grandeza.» 
por Noris Capin
 
 
 IMAGEN DEL DADOR ALEGRE
Con mi amiga Glorita,
con quien he servido en la Iglesia
de S.I. por veinte annos.
Septiembre del 2014
(Foto Oficial)

 
Museo de caracoles, Sanibel Island

SIEMPRE ESCUCHO

Siempre escucho
el sonido del mar
y siempre voy
a buscar el nácar
del mar en donde
no hay sonido
ni quejas, en donde
el silencio no peca
de ser mudo,
en donde los mudos
sueñan al hablar
de lo que escuchan
al no oír.
En donde el silencio
es fácil de sentir,
en donde se siente
el eco de la vida,
en donde es parte
de mi y de las olas
ser vida y voz.
Hoy he venido
a compartir mi risa,
que no se lamenta,
ni llora,
que no se malea
con el tiempo
ni se controla
con la sed de alba
ni con la tristeza
que me protege
en pensamiento.
Hoy preciso decir
que no estoy sola,
que la iluminación
de la vida insiste
en estar conmigo,
en el rayo de sol
que perdura, regresa,
vuelve a ser verde
su ocaso de lluvia;
en donde la flor
permanece, pulcra
su cintura,
su bella toga de  raíz
crece de por sí,
brota de la amapola
y de la plumilla
mañanera sale, aun,
a decir su nombre.
Hoy tengo que ser
como el vaivén
de los colores,
como el jazmín
del valle,
que no pierde
su noche debajo
de los montes
de la noche,
o deja de percibir
la vida después
de la racha dura
y sin horizonte.
Siempre escucho
la mar y tonifico
mi ser en canción
de cuna, y me veo
pasar sin hacer
ruido, sin perecer
en donde no hay
muerte, en donde
no existe el hilo
ruidoso de las cosas.
Hoy preciso ser arte,
verme pasar, mirar
la arribo del invierno
y abrigarme,
pintar hasta saturar
los pinceles de luz,
de arcoíris y de nube,
de verso complicado,
de imperfecto aliento
sobre el papel
de lienzo o por debajo
de la cumbre
en dónde está mi Dios.
Hoy deseo gastar
mi risa y desbordarla,
hacerla funcionar
con destreza, con fe,
con limón tostado,
hasta que mi voz
obtenga un soleado
cielo -desde lejos-
y luego se esconda.
Hoy voy a caminar
sin prisa, escribir
porque deseo ser
palabras, y quiero
ser brisa que arriba
desde aquí,
desde mis poemas
y mis cantares.
noris capin