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domingo, 4 de octubre de 2015

Algunas veces es natural


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Algunas veces es natural


No hay nadie capaz de expresar cuánto aburren todas las cosas;
nadie ve ni oye lo suficiente como para quedar satisfecho.


                                                                                     Eclesiástico 1:8



El tema de hoy es acerca de cómo resurgir en medio de la tormenta. Les quiero brindar mis pensamientos e ideas acerca de cómo podemos subsistir en medio de las severidades y complicaciones que se nos presentan a diario.

Actualmente les puedo decir que la vida es más complicada y compulsiva que nunca, perdida en los medios de comunicación en donde nos zambullimos, al igual que en los conflictos del trabajo que nos aniquilan y en los problemas económicos que cumplen, efectivamente, con el desvanecimiento emocional del ser.

Pero no me voy a enfocar en lo negativo de la vida, sino más bien en la esperanza de que lo contradictorio y real es un túnel que tiene salida, que tiene escapatoria cuando se consultan los problemas con Dios.

Algunas veces es natural sentir esa sensación de vacío, esa impresión de desierto que nace desde la profundidad del alma. No podemos ni debemos pensar que la existencia del hombre es de color de rosa a toda hora y en todo momento porque es completamente erróneo pensar así.

Mi pregunta es si es posible tener una actitud gozosa y satisfecha que encadene la infelicidad que el ser humano experimenta, para que los planes y aspiraciones sean agradables a nosotras y a Dios.

Hay cuestiones en la vida que no tienen remedio, argumentos y debates sin respuestas que se interponen en y se apartan de lo que en realidad deseamos concretar.

La existencia del hombre tiene sus altas y sus bajas, momentos de declives, de laderas difíciles de escalar. Sin embargo existe el deseo poderoso de convertir lo negativo en positivo, de girar las cosas para bien, para saber manejar los planes de acuerdo a cada severidad, con la expectativa y la confianza de una persona de fe que sabe salir vencedora durante las épocas difíciles.

Algunas veces es natural experimentar tristeza en los momentos en que las situaciones son paradójicas  e incomprensibles a nuestros pensamientos. Hay que levantarse del barranco y salir caminando hacia la luz, seguirla hasta lo recóndito para darle sentido e iluminación a nuestras sombras.

No hay nada en la vida que no se pueda resolver, nada, lo único que no podemos salvarnos es de la muerte, pero más que la muerte corporal del ser, es vivir muriendo cada día dentro de la vida, sufriendo y llorando porque no somos capaces de enfrentarnos a una existencia plácida, practicando las enseñanzas que nos despliega Dios en Su Palabra.  

Los ritmos de la vida consisten en saber compensar las alegrías y las tristezas, abrazarlas y alejarlas con la misma convicción y entusiasmo con que solemos enfrentar esos ritmos negativos que nos alejan de la verdadera apreciación de vivir.

Algunas veces es natural estar en tinieblas sin poder ver lo que abunda detrás de la raya imaginaria que nos detiene y nos devasta, sin pensar que lo correcto y lo factible es ocuparse incesantemente de obrar frente al bien, sin contemplar el mal para así obtener la bendición y el triunfo —como una ceremonia o coronación— que nos debemos a nosotros mismos. 

El pasado hay que dejarlo fuera, quiero decir, los dolores sufridos y las memorias hay que espantarlas, dejarlas ir por el río del olvido, diciéndole adiós a todo lo que nos entristece, sin mirar atrás, sin tener ninguna duda al respecto y seguir adelante.

Dice la Palabra de Dios en Eclesiástico 8:11 lo siguiente: «Las cosas pasadas han caído en el olvido, y en el olvido caerán las cosas futuras entre los que vengan después

Algunas veces es natural que nuestras mentes choquen con nuestro pasado y, de menos está decirles, que esos sucesos tristes del ayer deben ser sepultados en el baúl del recuerdo o eliminarlos por completos. Durante la etapa de rememorar el pasado, surgirán nuevos proyectos, nuevas ilusiones, nuevas ansias de dicha y amor, de paz, de sentimientos fértiles de reconciliación personal y consuelo.

Algunas veces es natural revisar nuestro corazón y entregárselo a Dios, para que nuestras contiendas personales sean elevadas a Él  por medio de la oración.  No podemos sentir que la alegría de vivir se detenga o se olvide por no saber o querer darle nuestros problemas a Dios.

Y dice el Señor claramente en Isaías Capítulo 40, Versículo 14,15 este mensaje alentador que rompe con las fronteras del desconocimiento en los caminos de Dios: El Señor afirma: «Israel, pueblo de Jacob, por pequeño y débil que seas, no tengas miedo; yo te ayudo.  Yo, el Dios Santo de Israel, soy tu redentor. Haré de ti un instrumento de trillar, nuevo y con buenos dientes; trillarás los montes, los harás polvo, convertirás en paja las colinas.»  Amén, Amén.



noris capin


 

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